Hay directivos que se preguntan por qué, siendo líderes de su sector, pagando buenos sueldos y generando nuevos puestos de trabajo de manera constante, muchos de sus empleados acaban marchándose a empresas aparentemente más pequeñas. Muchos de ellos no son conscientes, porque el día a día impide el trato personal incluso con sus mandos intermedios, de los problemas de su gente. Porque hay personas que sufren en su puesto, para el que solo necesitan un ordenador y un teléfono, como consecuencia de tener un familiar a su cargo y no poder cuidarlo. O que consideran que llevar y recoger a sus hijos del colegio es mucho más importante que tener una reunión más en la oficina.

Vamos hacia un mundo donde el talento no está a 300 metros y fichar gente cercana solo por eso, por estar cerca, te hace menos competitivo. Y eso nos lleva a plantear un cambio de las estructuras clásicas hacia las globales, donde un programador argentino que encaje en tus costes puede resultar la solución que no encuentras desde hace meses en portales de internet.

Todo esto sin contar que hay hombres y mujeres que pierden (porque ese es el verbo) de 60 a 90 minutos de su vida al día solo en desplazamientos en coche o transporte público. Lo que les obliga a levantarse antes, llegar tarde a casa y no poder conciliar en la mayoría de los casos.

Es cierto que el nuevo Real Decreto-Ley obliga a fichar. Como también lo es que pueden establecerse convenios privados para regular horarios o trabajo por objetivos. Y que muchos mandatarios viajan 100 días al año y aun así, aunque no perciben de este modo, dirigen sus proyectos. Es decir, teletrabajan.

La Generación Z, que se incorpora al mercado, ha visto a sus padres llegar de noche día tras día cuando eran pequeños. Y saben que no quieren eso. Tienen tantas opciones interesantes en las que trabajar que no quieren atarse a una empresa de por vida. Eso hay que entenderlo. Y pueden viajar donde quieran de manera barata, pero eso no significa que no estén operativos laboralmente.

Debemos perder el miedo al teletrabajo, pero, para ello, hay que comenzar por formar en él a los equipos. El rechazo viene del desconocimiento. Pero las ventajas son la clave para conseguir mantener el talento que puede estar pensando en marcharse, simplemente, porque no es feliz.

David Blay, periodista y experto en teletrabajo.