Existe una alta sensibilidad y concienciación en la empresa valenciana de lo que significa la RSC y la sostenibilidad y una gran parte de los empresarios, además de ser excelentes en sus negocios, se preocupan por el impacto que genera su empresa en su entorno, en la sociedad y en el medio ambiente. Por ejemplo, hay muchas empresas familiares que, desde hace generaciones, son conscientes de que, si te preocupas por tu equipo, logras un mayor grado de identificación e implicación, menor absentismo y mejoras de la productividad. De hecho, durante los años de la crisis, fue clave para la supervivencia de muchas empresas.

La RSC es todo lo que hacemos que no exige la ley. La empresa que cumple la ley es legal, pero no responsable. Es responsable si es consciente de su posición y de las consecuencias de su actividad en su entorno y decide ir más allá de sus obligaciones para generar impacto positivo.

La primera responsabilidad es la viabilidad financiera. En un contexto de pymes, como el de la Comunitat, tenemos que ser conscientes de que los recursos son limitados. No se trata de intentar integrar y avanzar en todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y en todas las metas a la vez, sino de priorizar, en función de la situación real y de los impactos, positivos y negativos, que se generen, e ir avanzando. Realmente, en muchos casos no se trata de hacer grandes inversiones, sino de hacer las cosas de forma diferente. En el caso de las pymes, por su relación directa, estrecha y permanente con sus grupos de interés, estas políticas pueden ser decisivas, puesto que les es más difícil ‘maquillar’ u ‘ocultar’ su auténtica realidad.

La responsabilidad social corporativa ha ido evolucionando hacia un enfoque transversal e integrado en las estrategias de negocio de las empresas. Debe tener en cuenta e involucrar a todas las personas de la organización, pero, sin duda, un factor imprescindible para garantizar una cultura empresarial orientada a los ODS es la implicación de la alta dirección. Los máximos responsables de la empresa –los dueños, en muchas de las firmas de la Comunitat- son los que tienen la capacidad para integrar estas estrategias en sus modelos de negocio y que se extiendan de forma transversal a toda la organización. Se trata, en definitiva, de la cultura empresarial.

La RSC ha dejado de ser algo etéreo para ser algo medible. Hay ya muchas métricas, pero no existe todavía un estándar. En temas de medio ambiente es más fácil -por ejemplo, las emisiones- y, desde el punto de vista social, hay códigos y criterios de buen gobierno que también son evaluables. Hay certificaciones o acreditaciones a las que las empresas se pueden acoger -de modo similar a lo que ha ocurrido en calidad-. Y cada vez hay más estudios, y más solventes, que demuestran que las empresas responsables son más rentables a largo plazo que el resto. Una de las pruebas es que, en la crisis, las empresas con peores prácticas han sido las más castigadas y muchas desaparecieron.