La evaluación y control de la cadena de suministro siempre ha sido un elemento estratégico para El Corte Inglés, pero el derrumbe del edificio Rana Plaza en Bangladesh, en 2013, que supuso una tragedia con más de 1.100 muertos y más de 2.500 heridos, supuso un salto cuantitativo y cualitativo en este ámbito, no solo para la cadena de distribución española, sino a nivel mundial. Las empresas pasaron de exigir declaraciones responsables sobre el cumplimiento de principios vinculados a derechos humanos, laborales y medioambientales, a involucrarse directamente en su cumplimiento, con sistemas de vigilancia, auditorías, programas de corrección y medidas de ruptura.

En el caso de El Corte Inglés, las políticas, modelos e instrumentos se han integrado en el sistema de gestión, a través de procedimientos de valoración y homologación de proveedores, con una verificación sistemática. “La cadena de valor es fundamental en la actividad de una gran empresa de distribución. Buscamos contar con una base de proveedores con un modo de actuar responsable, que apliquen y desarrollen en sus propias empresas los Derechos Humanos, estándares internacionales de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) y estándares medioambientales, de manera que, a través de este comportamiento responsable, podamos ir desarrollando, cada vez más, productos sostenibles, en colaboración con nuestros grupos de interés. Es un trabajo que iniciamos en 2006-2007, con reuniones periódicas, que nos ayudan a desarrollar proyectos relacionados con nuestra cadena de valor”, explicó Bernardo Cruza, director de Responsabilidad Social Empresarial de la cadena, en el Encuentro Empresarial del CERS ‘Trazabilidad de proveedores: Control del riesgo social y medioambiental’.

La firma cuenta con apoyo de instituciones y redes internacionales, como la Amfori -antigua The Foreign Trade Association-. La Amfori BSCI (Business Social Compliance Initiative) es uno de los principales protocolos de auditoría social que eligen las empresas de todo el mundo.

Tener desarrollada una matriz de riesgos permite identificar y focalizarse en los aspectos con mayor impacto y, para garantizar el cumplimiento de sus políticas, El Corte Inglés aplica indicadores de gestión; todo se mide. La responsabilidad recae sobre el Departamento de RSE, que actúa con total independencia, “que es lo que nos da credibilidad dentro de la compañía y también de cara al exterior”, destaca su responsable. Este departamento rinde cuentas a la estructura de cumplimiento del grupo.

Un concepto importante es el de ‘diligencia debida’, que lleva a las empresas a asumir una responsabilidad de verificación de toda su cadena. “Hasta hace unos años, cuando un comprador se sentaba a negociar, se consideraba, básicamente, calidad y precio. Desde hace años, hay un tercer elemento, la evaluación de la RSE, como condición sine qua non previa a poder dar de alta a un proveedor. El control de la cadena de suministro es fundamental, porque puede llegar a tener derivadas penales”, afirma Cruza.

Una vez incluido en la cadena, un instrumento fundamental son las auditorías sociales a los proveedores, acompañadas de planes de acciones correctoras y planes de formación, porque se entiende la RS como un proceso de mejora continua. “No se trata de penalizar a los proveedores, sino de que se entienda que es un trabajo conjunto y vayan mejorando”, afirma. En 2017, El Corte Inglés realizó 3.166 auditorías a proveedores, frente a las 1.939 del ejercicio anterior. Esto supuso un “salto sustancial”, con niveles de monitorización de en torno al 98-99% en todo el mundo –el 1% restante se explica por la rotación o variación de proveedores-.

Los controles no se quedan en el nivel de proveedor, sino que la verificación llega a las unidades de producción. Además, el trabajo de evaluación y control no se limita al primer nivel de proveedores, sino que se les pide que hagan el mismo trabajo con sus proveedores. De esta manera, se genera un ‘efecto cascada’ a lo largo de la cadena, hasta llegar a las materias primas.

“Un equipo de RSC de 92.000 personas”

“La Responsabilidad Social tiene que ir de dentro afuera; partiendo de nuestros empleados tiene que impregnar a los siguientes eslabones. Nuestra aspiración es que el departamento de RSE de El Corte Inglés tenga 92.000 personas; es decir, todos y cada uno de los empleados de la compañía. Se ha desarrollado todo un conjunto de normas éticas, disponibles en la web de ECI, y la función de cumplimiento, con la figura del Chief Compliance Officer, responsable del cumplimiento normativo, todo el estatuto que se ha puesto a su alrededor y toda una serie de políticas que se han ido aprobando en estos últimos años. Se ha puesto en marcha, también, el Canal Ético. En la propia web hay un acceso confidencial para cualquier denuncia o queja de cualquier persona u organización, de cualquier parte del mundo, respecto a posibles incumplimientos del código ético”, subrayó Bernardo Cruza.

El Corte Inglés es miembro del Pacto Mundial, la OIT, Amfori y toma como referencia el Consumer Goods Forum, que une a empresas de distribución con la industria del gran consumo a nivel internacional. Traslada a toda su cadena de suministro los principios del Pacto Mundial, la Carta Internacional de Derechos Humanos, los Principios Rectores de Empresas y los compromisos de Unicef con la infancia.

El grupo cuenta con una red de oficinas repartidas por distintos países para ayudarle a gestionar los riesgos y equipos locales de RSE, “porque la manera de hacer seguimiento a los proveedores es estar cerca”.

Todo ello le permite racionalizar la cadena de suministro, identificando capacidades y nivel de desempeño, para centrar la mayor parte de las compras en aquellos que son más eficientes, seguros y responsables.