La medición de impactos es uno de los grandes retos de la responsabilidad social corporativa. Una mayor y mejor información a la hora de valorar los impactos sociales de proyectos e iniciativas empresariales permite una mayor eficiencia en la toma de decisiones y mejor posición en la gestión de expectativas y resultados, con incrementos del impacto, tanto social como empresarial.

Para afrontar los grandes retos económicos, sociales y ambientales de la sociedad actual resulta fundamental conocer, medir y visibilizar el impacto total que las empresas y entidades producen para sus principales grupos de interés, así como la sociedad en su conjunto. Los procesos de medición de impacto permiten:

 Involucrar a los diversos grupos de interés de la entidad en el proceso de identificación, descripción y cuantificación de los diferentes elementos de retorno social y socioeconómico generados.

 Identificar, conocer, cuantificar y visibilizar los retornos sociales y socioeconómicos que las actividades de la entidad generan, determinando el retorno que produce cada euro de inversión.

 Disponer de nuevas herramientas y elementos de evaluación, análisis y comunicación del impacto y efectividad de las actividades de la entidad.

 Diseñar acciones transversales de comunicación para visibilizar los resultados obtenidos.

¿Para qué medir los impactos? Para tener un propósito de la compañía con la que todo el mundo esté alineado. Hay que medir y detectar los elementos estratégicos, cuáles son las prioridades. Es importante dentro de la empresa tener claros los conceptos y los indicadores para que se entiendan. No hay un benchmark, pero sí es importante que las empresas se autoevalúen y vean cómo avanzan en los aspectos considerados estratégicos, para poder adaptar estrategias y avanzar.

La cuantificación se impone como un requerimiento tanto para la comunicación no financiera de las actividades de la organización, como para la evaluación y seguimiento de la gestión de su RSC. Es fundamental, además, que esta medición abarque no sólo el valor social creado, sino también el impacto sobre la cuenta de resultados de la RSC.

Los principales retos que plantea la medición para las compañías son:
• Ausencia de modelos de medición considerados como estándar.
• Dificultad en la obtención y análisis de los datos e indicadores materiales.
• Falta de tiempo y recursos internos para el proceso de medición.
• Falta de conocimiento y experiencia en la organización.
• Ausencia del control total del proceso: dificultad en la involucración de los grupos de interés.
• Falta de objetivos de dirección concretos en este ámbito.

En cuanto a las oportunidades, están:
• Mejoras en la reputación y el reconocimiento externo
• Mejoras en la gestión interna
• Contribución a los ODS
• Respuesta a los inversores
• Generación de nuevas oportunidades de negocio
• Priorización de unos proyectos sobre otros
• Generación de cultura corporativa común y propósito compartido

La medición de impacto va más allá de tener datos. Ha ayudado a que en las empresas se genere mayor diálogo y relación entre áreas. Si todas lo entienden, generará resultados. Para ello, es importante tener herramientas de valoración, análisis y comunicación.

Para llevar a cabo esta labor, las empresas pueden optar por desarrollar una metodología internamente o utilizar algún estándar desarrollado por un tercero. La primera opción ofrece una mayor flexibilidad y adaptación a las necesidades concretas de la empresa. La utilización de indicadores externos proporciona credibilidad, comparabilidad, fiabilidad y consistencia a lo largo del tiempo. En cualquier caso, habrá que definir qué metodologías son las más adecuadas para cada organización.

Hay más de 100 metodologías en el mundo. Hoy en día no existe un estándar. Hay que elegir la herramienta que mejor se adecúe al modelo de negocio y adaptarla a la realidad de la compañía, trazar una hoja de ruta a nivel estratégico, transversal y alineada en toda la organización. Se pueden utilizar varios indicadores, en función de los objetivos perseguidos y la estrategia de la empresa.

Lo importante es empezar a medir, tener una metodología rigurosa y que sea consistente.

Algunas de las metodologías son:
• LBG (London Benchmarking Group): Centrada en la distinción entre contribuciones, logros e impactos. A través de su matriz, mide la inversión realizada en los proyectos.
• El Value Driver del Pacto Mundial: Enfocado especialmente hacia el reporting financiero a inversores y su impacto en el comportamiento de las empresas.
• SROI (Social Return On Investment): Realiza un mapeo de los outcomes del proyecto, que son validados con los grupos de interés. Puede convertirse en una herramienta estratégica para la toma de decisiones en función del valor creado.
• CR Index y Community Footprint (de la organización británica Business in the Community): Tienen como objetivo cuantificar y ordenar el impacto de las acciones responsables de las empresas.
• RSC2: Desarrollada por la Fundación Seres en colaboración con McKinsey & Company, es una metodología de medición integral del valor económico generado por las acciones sociales de la empresa. Sirve para priorizar proyectos similares, desarrollar un vocabulario común del valor de la RSC y poner en valor la dimensión estratégica de estas acciones.
• IS Eada-Seres: Desarrollada conjuntamente por EADA y la Fundación Seres, utiliza el enfoque en capacidades para la medición de este impacto.

La organización ha de tener presente que todas estas metodologías no son excluyentes, sino que se pueden utilizar varias herramientas en función de los objetivos que se persiguen y la estrategia de la empresa.

Una de las cosas que les interesa es compararse, para ver qué hay en su mercado y cómo mejorar. La clave está en la homogeneización. EsImpact es una organización que está trabajando en esta línea. Medir, buscar el para qué de la organización, para qué la empresa hace lo que hace. Adecuar la herramienta que mejor se adecué al modelo de negocio y trazar esa hoja de ruta a nivel estratégico, transversal y alineado en toda la organización.

Estamos viendo desde los consejos de administración de las empresas que aspectos que antes no se consideraban materiales y no estaban contemplados desde el punto de vista del riesgo, ya se están tratando. Antes, solo se centraban en cuestiones con impacto financiero. Hay un cambio real en las compañías. Los líderes están poniendo entre los riesgos principales de sus compañías estos riesgos no financieros con impactos.

Existe una tendencia, quizás más a largo plazo, a que el Departamento Financiero vaya poco a poco asumiendo un rol de mayor relevancia en este ámbito, dado su creciente interés en las tendencias de reporting integrado.

Una empresa puede llegar a monetizar los intangibles y el valor que está generando. Hoy en día, el 80% del valor de las empresas son los intangibles. Viene una revolución de empresas realmente sostenibles. Las empresas empiezan a horizontalizarse, y eso es bueno para generar valor compartido. Hacia ahí están dirigidos los inversores y la regulación.

El jueves 30 de enero de 2020, el Club de Empresas Responsables y Sostenibles de la Comunidad Valenciana (CE/R+S) organizó la jornada ‘Cuadro de mando sostenible: Medir para mejorar’, en la Sede de Correos en Valencia. Las intervenciones principales corrieron a cargo de Lucila García, subdirectora general de Fundación SERES (Fundación Sociedad y Empresa Responsable), y Leonardo Gutson, director de Negocio Responsable de Ecodes (Fundación Ecología y Desarrollo). A continuación, presentaron casos de éxito en innovación responsable Amelia Navarro, directora de Desarrollo Sostenible y Equidad de Hidraqua, y Alfonso Huedo, responsable de proyectos de Desarrollo Sostenible de esta compañía, y Paco Alós, director de Relaciones Institucionales y Responsabilidad Social de Caixa Popular.