Frente a los riesgos tradicionales (geopolíticos o económicos) surgen otros como el cambio climático y sus consecuencias. Los nuevos retos sociales, ambientales y de gobernanza necesitan la implicación coordinada de todos los agentes: gobiernos, empresas y ciudadanos. Se trata, en definitiva de afrontar la transformación de las economías siguiendo los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la única manera de hacerlo con éxito es asumir nuestros compromisos y colaborar para conseguir los mejores resultados, según los expertos que participaron en la jornada del CE/R+S Empresas contra el cambio climático: Medidas concretas y planes de acción’, el pasado 1 de octubre, en Valencia: Leonardo Gutson, director de Negocio Responsable de Ecodes (Fundación Ecología y Desarrollo), Ana Gascón, directora de Responsabilidad Corporativa en Coca-Cola Iberia, y Conchín Torrejón, responsable de Medio Ambiente y Certificación del Grupo Baux.

Consecuencias del cambio climático

Desde los años 70 del siglo pasado, científicos y ecologistas están advirtiendo del grave peligro que supone la emisión a la atmósfera de millones de toneladas de gases de efecto invernadero. Desde los 90, se han celebrado sucesivas cumbres, pero la situación real ha ido empeorando, ante la falta de medidas concretas y contundentes. La Organización Meteorológica Mundial advierte de que los últimos 5 años han sido los más cálidos jamás registrados, la subida de la temperatura del mar es constante y fenómenos como los ciclones y la gota fría han alcanzado una incidencia e intensidad sin precedentes desde que son estudiados. Al mismo tiempo, este año consumiremos 1,7 veces los recursos anuales disponibles en el planeta.

Los impactos del cambio climático se sienten en todas partes y están teniendo consecuencias reales graves en la vida de las personas, en la economía y en la sociedad. Son necesarias acciones urgentes y decididas.

Los expertos dicen que somos la última generación que podemos paliar estas situaciones y las empresas tenemos mucho que decir. Medir, controlar y minimizar los impactos en el entorno es un deber ineludible para cualquier compañía, que debe asumir su responsabilidad con las generaciones presentes y las futuras. En la Unión Europea, se han fijado objetivos muy ambiciosos de reducción de emisiones para todos los países, del 20% hasta 2020; del 40% hasta 2030, y del 80%-90% hasta 2050.

Frente a la inacción y el negacionismo de algunos grandes actores, como Estados Unidos -el segundo país más industrializado y emisor de gases- y Arabia Saudí, y el lento ritmo de adaptación de sus estructuras y modelos de las grandes economías mundiales, estamos viendo como la acción va calando entre la base de la sociedad, entre ciudadanos y consumidores, que se apoyan en las evidencias científicas para reclamar un plan de acción real y efectivo frente a la emergencia climática.

Septiembre fue un mes de movilizaciones y grandes citas por el clima, que se han repetido en todo el mundo, con dos citas clave: el 23 de septiembre, el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, organizó la Cumbre del Clima, que reunió a representantes de todos los agentes, políticos, económicos y sociales, con el objetivo de poner sobre la mesa la necesidad de tomarse en serio y acelerar la implementación del Acuerdo de París sobre cambio climático. El día 27, tuvo lugar la Huelga Global por el Clima, convocada a nivel mundial por el movimiento Fridays for Future, de la que jóvenes y estudiantes han sido los grandes impulsores y protagonistas. En diciembre, tendrá lugar en Chile la 25 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP25).

Desafio de las empresas

La ONU ha llamado a gobiernos y sector privado a desarrollar soluciones ambiciosas en seis áreas: la transición global hacia energías renovables; infraestructuras y ciudades sostenibles y resilientes; la agricultura y ordenación sostenible de océanos y bosques; la resiliencia y adaptación a los impactos climáticos, y la convergencia de financiación pública y privada con una economía de emisiones netas cero. Los expertos advierten de que son necesarios “cambios de gran alcance y sin precedentes”, en ámbitos como energía, industria, transporte, agricultura, ciudades y edificios.

La crisis climática necesita de acciones individuales y del compromiso del sector privado. La empresa, como un actor más en el ecosistema, debe dar respuesta a los retos. Tiene una responsabilidad respecto a su comunidad. Las compañías tienen que incorporar los riesgos y oportunidades del cambio climático en sus sistemas de análisis y control de riesgos y en su dirección estratégica.

En definitiva, cada organización debe analizar y conocer qué riesgos medioambientales tiene su actividad y cuáles le afectan, y actuar en consecuencia. La innovación y las nuevas tecnologías nos aportan herramientas para evolucionar nuestros modelos de negocio y nuestros sistemas productivos hacia la sostenibilidad, pero también existen múltiples acciones al alcance de todos que podemos aplicar de forma inmediata y con las que lograremos grandes impactos. Podemos hablar de varias áreas de actuación: agua; consumo e inversiones; energía; huella de carbono; movilidad; prevención y gestión de residuos, y adaptación.

Las empresas pueden abordar acciones de adaptación, mitigación o compensación. La mitigación se ocupa de las causas del cambio climático –medidas orientadas a reducir y limitar las emisiones de gases de efecto invernadero-, mientras que la adaptación aborda sus impactos –vulnerabilidad de las organizaciones y los efectos de su actividad-.

En cuanto a la compensación, supone invertir en proyectos que reducen la cantidad de CO2 en la atmósfera o evitan la emisión de más CO2 –en concreto, consiste en aportar voluntariamente una cantidad dinero proporcional a las toneladas de CO2 que una organización emiten en un periodo de tiempo determinado-.

Las empresas tienen que definir una estrategia a largo plazo, transversal y que toque a todos los ámbitos de actividad de la empresa. Saber lo que están haciendo, identificar en la cadena de valor, los impactos sociales y medioambientales que tienen y ser capaces de mitigar los que sean malos y reforzar los positivos. En definitiva, generar valor.