Día del trabajo: Las personas en el centro

Cada primer día de mayo el mundo laboral hace una pausa para mirarse. Es una tradición con más de un siglo de historia, nacida de luchas que costaron mucho y que hoy se traducen en derechos que damos por garantizados: la jornada de ocho horas, la protección social, la seguridad en el trabajo. Ese legado merece reconocimiento. Pero el Día del Trabajo también merece algo más que conmemoración: merece una lectura honesta de dónde estamos y hacia dónde vamos.

Desde el CE/R+S, este 1 de mayo queremos hacer exactamente eso. No un ejercicio retórico, sino una reflexión con datos, con preguntas incómodas y con la convicción de que las empresas responsables tienen un papel central en la respuesta.

Las cifras macroeconómicas de 2026 son, en apariencia, positivas. Según BBVA Research, el empleo en España crecerá un 2,3% este año, por encima de la media europea, y se prevé que la tasa de paro se sitúe en torno al 10% en promedio anual — la más baja en décadas. Entre 2024 y 2026, la economía española habrá generado más de 1,5 millones de puestos de trabajo. Son datos que merecen ser reconocidos.

Sin embargo, el informe Tendencias Sociales y del Empleo 2026 de la OIT advierte con claridad que la creación de empleo a nivel global —y España no es una excepción— no está viniendo acompañada de una mejora equivalente en la calidad de ese empleo. Más del 20% de los contratos firmados en España en 2025 tuvieron una duración inferior a una semana, y uno de cada tres no llegó al mes (OIT/USO, 2025). La jornada media semanal efectiva se sitúa en apenas 31,4 horas, lo que ha disparado el pluriempleo —casi 887.000 personas en esa situación a finales de 2025— y la pobreza laboral entre personas que técnicamente están ocupadas.

La conclusión es clara: crecer en empleo es necesario, pero no es suficiente. Lo que está en juego no es solo cuántos empleos se crean, sino qué tipo de empleos, en qué condiciones, con qué perspectivas de futuro.

Los tres retos estructurales que las empresas no pueden ignorar

Más allá de los datos de coyuntura, 2026 ha puesto sobre la mesa tres retos estructurales que las empresas —especialmente las comprometidas con la sostenibilidad— tienen la responsabilidad de abordar de forma proactiva.

El primero es la brecha del talento verde. La transición hacia modelos de negocio más sostenibles no es solo una cuestión regulatoria o reputacional: es, cada vez más, una cuestión de capital humano. Según el informe Tendencias de Empleabilidad 2026 de OBS Business School, la demanda de talento vinculado a la economía verde creció un 22% entre 2022 y 2023, mientras que la formación en esas competencias solo aumentó un 12%. Esta brecha —que no se está cerrando sino ampliando— supone un riesgo real para las empresas que han apostado por la sostenibilidad como eje estratégico y no encuentran los perfiles necesarios para ejecutarla. La respuesta no puede esperar a que el sistema educativo reaccione: las empresas que forman hoy a sus equipos en competencias verdes están construyendo ventaja competitiva para mañana.

El segundo reto es la integración real de la inteligencia artificial en el trabajo. Los datos del INE (2025) revelan una paradoja llamativa: el 37,9% de la población ya usa IA generativa en su vida cotidiana, pero solo el 17,9% la utiliza con fines profesionales. La brecha generacional es aún más marcada, con un 75,6% de uso entre jóvenes de 16 a 24 años frente a una adopción muy inferior entre trabajadores de más edad. Esto no es solo un reto tecnológico: es un reto de gestión del cambio, de liderazgo y de inversión en reskilling. Las empresas que no actúen ahora para reducir esta asimetría se enfrentarán a una pérdida de productividad y competitividad que ningún dato macroeconómico favorable podrá compensar.

El tercero es el relevo generacional. Por cada 100 personas que se jubilan en España, solo entran 73 jóvenes al mercado laboral (OBS Business School, 2026). Esta tendencia demográfica, que se agudizará en la próxima década, convierte la atracción, retención y desarrollo del talento joven en una prioridad estratégica de primer orden. Las empresas que ofrecen propósito, flexibilidad, desarrollo profesional y culturas inclusivas no están haciendo concesiones a las nuevas generaciones: están garantizando su propia continuidad.

El papel de las empresas responsables: liderar, no esperar

Desde el CE/R+S llevamos años sosteniendo que la responsabilidad empresarial no es una respuesta reactiva a la regulación ni una estrategia de imagen. Es una forma de gestionar que pone a las personas —empleadas, comunidades, socios— en el centro de las decisiones. Y este 1 de mayo, esa convicción cobra una relevancia particular.

Los retos que hemos descrito no se resuelven solos, ni los resuelven exclusivamente los gobiernos o los sindicatos. Se resuelven, en gran medida, en las decisiones cotidianas de las organizaciones: en si formamos o no a nuestros equipos en las competencias del futuro; en si diseñamos entornos de trabajo donde la IA sea una herramienta que potencia a las personas o una amenaza que las desplaza; en si construimos culturas donde el bienestar y la sostenibilidad no sean extras del catálogo de beneficios sino el modelo en sí mismo.

Las empresas de nuestra red llevan tiempo demostrando que ese modelo es posible y rentable. No por altruismo, sino porque entienden que una empresa que cuida a sus personas construye confianza, reduce rotación, atrae talento y opera con mayor coherencia estratégica. En un mercado laboral en transformación acelerada, eso no es un valor añadido: es una condición de supervivencia.

Hoy, 1 de mayo, felicitamos a todas las personas que con su trabajo —visible o invisible, reconocido o no— hacen posibles las organizaciones y la sociedad. Y nos comprometemos, una vez más, a seguir trabajando para que las empresas de la Comunitat Valenciana lideren ese cambio con criterio, con propósito y con personas en el centro.