Día Mundial de la Capa de Ozono 2026: cuando la cooperación también se convierte en una estrategia empresarial

Cada 16 de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Capa de Ozono, una fecha que este año llega bajo el lema “Acción mundial para un planeta más fresco” y con un mensaje especialmente vigente: los grandes desafíos ambientales no se resuelven de manera aislada.

La edición de 2026 coincide, además, con el décimo aniversario de la Enmienda de Kigali al Protocolo de Montreal, adoptada para reducir progresivamente el uso de hidrofluorocarbonos (HFC), gases empleados principalmente en refrigeración y climatización que, aunque no destruyen la capa de ozono, tienen un elevado potencial de calentamiento global.

La efeméride ofrece así una oportunidad para recordar uno de los mayores ejemplos de cooperación ambiental internacional, pero también para extraer una reflexión muy aplicable al ámbito empresarial: cuando existen objetivos compartidos, reglas claras, innovación y colaboración, la transición ambiental puede convertirse en una oportunidad de transformación y competitividad.

De proteger la capa de ozono a transformar industrias

El Protocolo de Montreal demuestra que la acción ambiental puede generar resultados cuando ciencia, políticas públicas, financiación e industria avanzan en una misma dirección. La Secretaría del Ozono de Naciones Unidas destaca precisamente que su éxito se ha apoyado en la participación internacional, el cumplimiento de los compromisos, la financiación y la creación de alianzas, permitiendo sustituir progresivamente sustancias perjudiciales por alternativas más seguras.

La Enmienda de Kigali amplió posteriormente ese camino hacia otro reto estrechamente relacionado: hacer que la refrigeración sea más eficiente y climáticamente sostenible.

Y aquí las empresas tienen mucho que decir. Climatizar oficinas, conservar alimentos y medicamentos, mantener cadenas de frío, refrigerar instalaciones industriales o centros de datos son actividades indispensables para nuestra economía. El desafío no consiste, por tanto, en prescindir de la refrigeración, sino en conseguir que sea cada vez más eficiente, segura y con menor impacto ambiental.

¿Qué significa para una empresa?

Hablar de protección de la capa de ozono puede parecer, a primera vista, una cuestión alejada de la gestión cotidiana de muchas organizaciones. Sin embargo, afecta directamente a decisiones relacionadas con instalaciones, compras, mantenimiento, eficiencia energética, proveedores, tecnología y gestión de riesgos.

Para las empresas, este Día Mundial puede ser una buena ocasión para revisar algunas preguntas concretas:

  • ¿Qué refrigerantes utilizan nuestros equipos de climatización y refrigeración y cuál es su impacto ambiental?
  • ¿Tenemos controladas las posibles fugas y contamos con un mantenimiento preventivo adecuado?
  • ¿Estamos incorporando criterios de eficiencia energética y sostenibilidad cuando renovamos equipos?
  • ¿Conocemos cómo están evolucionando las alternativas tecnológicas y regulatorias que pueden afectar a nuestras instalaciones?
  • ¿Estamos trasladando estos criterios a proveedores, cadena de suministro y decisiones de inversión?

No todas las organizaciones tienen el mismo impacto ni necesitan adoptar las mismas medidas. Precisamente por eso, el primer paso debería ser conocer dónde están los principales impactos y riesgos de cada actividad y priorizar actuaciones allí donde exista mayor capacidad de mejora.

Cooperar también es una forma de innovar

El lema de este año introduce otra idea especialmente relevante para el tejido empresarial: la cooperación. La transición sostenible difícilmente puede producirse empresa por empresa. Requiere compartir conocimiento entre organizaciones, desarrollar nuevas tecnologías, trabajar con proveedores, colaborar con administraciones y centros de conocimiento y generar estándares que permitan avanzar a toda la cadena de valor.

El Protocolo de Montreal es un buen recordatorio de que la sostenibilidad funciona mejor cuando se convierte en un objetivo compartido y no exclusivamente individual. Para las empresas, esta lógica puede traducirse en colaboración sectorial, proyectos conjuntos de innovación, intercambio de buenas prácticas o alianzas capaces de acelerar soluciones que serían difíciles de abordar de forma independiente.

De la obligación a la oportunidad

La experiencia de las últimas décadas también invita a cambiar la manera en que interpretamos la regulación ambiental. Anticiparse a nuevas exigencias puede ayudar a reducir consumos, modernizar instalaciones, prevenir costes futuros y aumentar la resiliencia. La innovación vinculada a tecnologías más eficientes puede convertirse, además, en una fuente de ventaja competitiva.

La cuestión no es únicamente qué debe cumplir una empresa, sino qué oportunidades puede encontrar mientras se adapta. Diez años después de la Enmienda de Kigali, Naciones Unidas recuerda que países e industrias pueden avanzar hacia soluciones de refrigeración más eficientes cuando innovación, políticas públicas y cooperación internacional trabajan de forma coordinada.

El Día Mundial de la Capa de Ozono nos deja así una enseñanza que trasciende esta problemática concreta: los grandes retos ambientales requieren objetivos comunes, pero también organizaciones capaces de convertir esos objetivos en decisiones empresariales.

Proteger el planeta también empieza en cuestiones muy concretas: qué tecnología elegimos, cómo utilizamos los recursos, con quién colaboramos y qué criterios incorporamos hoy a las inversiones que condicionarán nuestro impacto durante los próximos años.