Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía 2026: el riesgo silencioso que las empresas no pueden ignorar
Cada 17 de junio se celebra el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, una fecha que suele asociarse a paisajes áridos, agricultura o problemas ambientales lejanos. Sin embargo, la desertificación se está convirtiendo en uno de los factores de riesgo más relevantes para la actividad económica, la seguridad alimentaria y la resiliencia de las empresas. La degradación de la tierra ya no es únicamente una cuestión ecológica. Es una cuestión estratégica.
Según Naciones Unidas, hasta el 40 % de la superficie terrestre del planeta se encuentra degradada, afectando directamente a más de 3.200 millones de personas. Cada año se pierde una superficie productiva equivalente al tamaño de Egipto, reduciendo la capacidad de los ecosistemas para producir alimentos, almacenar carbono, regular el agua y sostener actividades económicas.
Cuando el suelo se degrada, también se degrada la economía
Durante años, el cambio climático ha ocupado el centro de las estrategias empresariales. Sin embargo, cada vez más personas expertas señalan que la pérdida de biodiversidad, la degradación del suelo y la escasez hídrica representan riesgos igualmente críticos para las organizaciones.
La razón es sencilla: toda actividad económica depende, directa o indirectamente, del capital natural.
La FAO estima que el 95 % de los alimentos que consume la humanidad procede del suelo. No obstante, más de 1.660 millones de hectáreas de tierra se encuentran degradadas por actividades humanas y más del 60 % de esa degradación afecta a terrenos agrícolas.
Para sectores como la alimentación, la distribución, el textil, la hostelería, la construcción o la industria manufacturera, esto implica una creciente exposición a:
- Incremento de costes de materias primas.
- Mayor volatilidad en las cadenas de suministro.
- Riesgos asociados a la disponibilidad de agua.
- Reducción de productividad agrícola y forestal.
- Conflictos por el uso de recursos naturales.
- Mayor presión regulatoria y financiera.
En otras palabras, la desertificación ya no es un problema ambiental aislado; es un factor que puede afectar directamente a la continuidad del negocio.
España: uno de los países europeos más vulnerables
La situación resulta especialmente relevante para nuestro país. De acuerdo con el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, el 74 % del territorio español es susceptible de verse afectado por procesos de desertificación y más de nueve millones de hectáreas presentan un riesgo alto o muy alto.
El incremento de las temperaturas, la intensificación de las sequías, la sobreexplotación de acuíferos, determinados modelos de uso del suelo y el abandono de áreas rurales están acelerando estos procesos. Para la Comunitat Valenciana, una de las regiones europeas más expuestas al estrés hídrico y a los efectos del cambio climático, esta realidad adquiere una dimensión especialmente relevante. La disponibilidad de agua, la productividad agraria, la prevención de incendios y la conservación de los ecosistemas son elementos estrechamente vinculados a la competitividad futura del territorio.
De la sostenibilidad a la regeneración
Durante décadas, las estrategias empresariales se han centrado en reducir impactos negativos. Sin embargo, el debate internacional está evolucionando hacia un concepto más ambicioso: la regeneración.
Ya no se trata únicamente de contaminar menos o consumir menos recursos, sino de contribuir activamente a restaurar aquellos ecosistemas de los que depende la actividad económica. Este cambio de paradigma está impulsando iniciativas como:
- Agricultura regenerativa.
- Restauración de suelos degradados.
- Soluciones basadas en la naturaleza.
- Gestión sostenible del agua.
- Protección de ecosistemas estratégicos.
- Programas de adaptación al cambio climático.
La lógica es clara: una empresa no puede prosperar a largo plazo en un territorio cuyos recursos naturales se deterioran de forma continua.
Un tema cada vez más relevante para inversores y reguladores
La salud de los ecosistemas está ganando protagonismo en los marcos de reporte de sostenibilidad, las exigencias regulatorias y las decisiones de inversión.
La entrada en vigor de nuevas obligaciones de reporte ESG, el desarrollo de estándares vinculados a biodiversidad y naturaleza y la creciente atención de los mercados financieros a los riesgos físicos derivados del cambio climático están obligando a las organizaciones a comprender mejor su dependencia del suelo, del agua y de los servicios ecosistémicos.
La desertificación deja así de ser una cuestión exclusiva de departamentos ambientales para convertirse en un asunto de gobernanza, gestión de riesgos y estrategia empresarial.
El reto de las empresas responsables
El lema elegido por Naciones Unidas para el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía 2026, “Pastizales: reconocer, respetar y restaurar”, pone el foco en uno de los ecosistemas más extensos y menos valorados del planeta, fundamentales para la seguridad alimentaria, la biodiversidad y la resiliencia climática. Los pastizales cubren más de la mitad de la superficie terrestre y sostienen los medios de vida de aproximadamente 2.000 millones de personas.
La efeméride nos recuerda una cuestión fundamental: la prosperidad económica depende de la salud de los ecosistemas. En un contexto marcado por la escasez de recursos, la volatilidad climática y la transformación de los mercados, las empresas que integren la regeneración del capital natural en su estrategia estarán mejor preparadas para afrontar los desafíos del futuro.