Día Mundial del Agua: el papel de las empresas ante una crisis que ya está aquí

Hoy se celebra el Día Mundial del Agua, una fecha impulsada por Naciones Unidas para visibilizar la crisis global de acceso a este recurso esencial. Pero más allá del calendario, este día es una invitación a que las organizaciones revisen honestamente su relación con el agua: qué consumen, cómo lo gestionan y qué comunidades se ven afectadas por sus decisiones.

Más de 2.000 millones de personas en el mundo siguen sin acceso a agua potable segura, según datos de Naciones Unidas. Son familias que conviven con enfermedades evitables, mujeres y niñas que dedican horas del día a recorrer kilómetros para obtenerla, comunidades rurales donde la sequía determina qué se puede cultivar, comer o construir. Esta dimensión humana es el punto de partida de cualquier conversación seria sobre sostenibilidad hídrica en el ámbito empresarial.

El sector industrial y agrícola concentra más del 70% del consumo de agua dulce global, según la FAO. Eso convierte a las empresas en actores centrales de esta crisis, pero también en parte de la solución. Marcos como el CSRD, el CDP Water Security y los Science Based Targets for Nature ofrecen herramientas concretas para actuar. Sin embargo, el punto de partida tiene que ser ético, no solo regulatorio: no se trata únicamente de cumplir indicadores, sino de entender qué comunidades y ecosistemas hay detrás de cada cuenca, cada río, cada acuífero que forma parte de la actividad empresarial.

Pasos concretos para actuar

El primer paso es medir la huella hídrica real de la organización, incluyendo la cadena de suministro, donde en muchos sectores se concentra más del 80% del impacto total. El segundo es identificar si las operaciones propias o las de las empresas proveedoras se ubican en zonas de estrés hídrico, algo que herramientas como el WRI Aqueduct permiten hacer con precisión geográfica. El tercero es establecer objetivos de reducción con base científica, alineados con los límites planetarios. Y el cuarto, tan importante como los anteriores, es preguntarse qué comunidades dependen de los mismos recursos hídricos que utiliza la empresa, e integrar su bienestar en la estrategia.

Gestión del riesgo y compromiso real

Las empresas que incorporan el agua como derecho humano en su estrategia —y no solo como variable de coste o riesgo operacional— toman mejores decisiones a largo plazo, generan mayor confianza entre inversionistas, entidades reguladoras y personas consumidoras, y contribuyen de forma tangible a un mundo donde el acceso al agua sea real para todas las personas.

El agua fue reconocida como derecho humano por Naciones Unidas en 2010. Hoy, más de quince años después, la distancia entre ese reconocimiento y la realidad de millones de personas sigue siendo enorme. Las empresas tienen capacidad de reducirla. La pregunta es si lo convierten en prioridad.