La importancia de una innovación responsable

Vivimos en un mundo sujeto a cambios constantes y acelerados. Fenómenos como el cambio climático y sus efectos; los flujos migratorios, o el crecimiento exponencial de las ciudades, entre otros, generan grandes retos y obligan a gestionar riesgos y definir soluciones. Generar soluciones, a través de nuevos productos y servicios o de nuevos modelos de negocio, implica no solo afrontar los riesgos actuales y anticipar los que vendrán en el futuro, sino que abre nuevas oportunidades de crecimiento, diversificación y competitividad.

Pero, no todo vale. La historia, sobre todo la de las últimas décadas, está llena de ejemplos de propuestas y tecnologías que han ocasionado serios efectos negativos en la sociedad y en el medio ambiente. Ahora nos encontramos en un mundo con mucha más información y, sobre todo, mucho más consciente, en el que organismos internacionales, estados, empresas y ciudadanos han asumido un compromiso con el desarrollo sostenible, bajo la guía de los ODS.

En este contexto, la innovación y la investigación están estrechamente relacionadas con la sostenibilidad y la responsabilidad social: se trata de extraer el mayor valor económico y social con el menor uso de recursos y el menor impacto negativo en el entorno. Se considera que la innovación es responsable cuando logra una contribución neta positiva en términos económicos, sociales y ambientales.

Es necesaria una constante evolución

Nos encontramos con empresas en constante evolución a través de la innovación de sus productos y servicios, como pueden ser los casos de Ribera Salud y Vayoil Textil, y aquellas que nacen a partir de una innovación que supone una disrupción, como Visualfy o las iniciativas promovidas por Zubi Labs, que buscan dar respuesta a retos reales con impactos sociales y medioambientales positivos, como el ecobarrio La Pinada, referente en Europa.

La cooperación entre agentes con distintas capacidades, conocimientos y tecnología se ha revelado como una de las claves del éxito de grandes proyectos innovadores, como demuestra la trayectoria de los institutos tecnológicos valencianos, asociados a Redit.

La nueva economía consiste en aportar valor con conocimiento, no con grandes estructuras. Las empresas líderes a nivel mundial y que crecen a dos dígitos ya no dependen de grandes fábricas, sino de la rapidez, de la inmediatez, para responder a las necesidades de los ciudadanos y posicionarse en los mercados.

La inversión en I+D+i a nivel mundial arroja una foto preocupante. En España se destina solo el 1,2% del PIB, un nivel paupérrimo, y con un déficit respecto a la media de la UE del 0,8% (unos 10.000 millones de euros anuales). En la Comunitat Valenciana aún estamos peor: invertimos el 0,99% del PIB en I+D+i, la sexta comunidad autónoma en inversión.

Según el primer ‘Estudio de percepción social de la innovación en la Comunidad Valenciana’, promovido por Redit, solo el 36,1% de las empresas valencianas dice innovar. Un 63,9% de empresas reconoce que no realiza ningún tipo de innovación. Los datos del INE confirman la baja participación de las empresas en actividades de innovación: en la UE, el 64,16% del gasto total de I+D es ejecutado por las empresas. En España, es el 54,9% y en la Comunitat Valenciana se reduce hasta el 43,8%. Innovamos en lo tangible –productos y procesos-, pero la gestión de los intangibles está por desarrollar y ser una realidad. Para las empresas, los principales frenos a la innovación son el coste elevado de innovar, la falta de ayudas públicas y la excesiva burocracia.

Casos de éxito

Se pueden cambiar las cosas, pero se requieren condiciones, un modelo y, sobre todo, compromiso y estabilidad. Un caso de éxito ha sido Portugal.

El Programa Marco de la Unión Europea para Investigación e Innovación, ‘Horizonte 2020’, ha impulsado la inclusión de las consideraciones éticas en las propuestas de proyectos que se le presenten. Quien quiera acceder a los fondos europeos para investigación debe incluir en su proyecto científico cuestiones éticas prioritarias para la Comisión: protección del medio ambiente, ética, igualdad de género, lucha contra la pobreza y la exclusión, el acceso abierto, la educación científica, la participación ciudadana, etc.

Está concluyendo este programa y, de 2021 a 2027, se aplicará el ‘Horizonte Europa’, en el que se basará la financiación, con foco en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). El presupuesto que destinará el programa operativo a I+D+i será de 100.000 millones de euros en seis años. Muy por detrás de los 520.000 millones de dólares por año que invierte China y de los 580.000 millones de Estados Unidos. Pese a ello, es un programa operativo que mejora sustancialmente el anterior.

Las compañías más innovadoras y que tienen una visión a largo plazo de los retos a los que se enfrenta su negocio y su entorno suelen tener muy presente la gestión responsable. Innovar de forma responsable en cualquier área de una organización supone hacerlo de forma ética y es una palanca de generación de valor añadido y de mejora de la productividad y competitividad de las empresas. Es, por tanto, una de las principales herramientas de crecimiento futuro para cualquier organización y para cualquier sector de actividad.

El miércoles 13 de noviembre de 2019, el Club de Empresas Responsables y Sostenibles de la Comunidad Valenciana (CE/R+S) organizó la jornada ‘Innovación e investigación responsable en la empresa’, en Wayco Ciutat Vella. Las intervenciones principales corrieron a cargo de Gonzalo Belenguer, director general de Redit (Red de Institutos Tecnológicos de la Comunitat Valenciana), e Iker Marcaide, fundador y CEO de Zubi Labs y Barrio la Pinada. A continuación, presentaron casos de éxito en innovación responsable Susana Serrano, jefa de Innovación y Proyectos de Ribera Salud; María José Esteve, directora de Comunicación de Vayoil Textil, y María José Millán, Chief Marketing and Strategy Officer de Visualfy.